¿Se deja de innovar después de los 40? Mitos sobre edad, experiencia y emprendimiento

Árbol con raíces fuertes y brotes nuevos que representa experiencia e innovación a cualquier edad

Hace poco escuché a una persona en la radio que decía: “En Venezuela se habla de que los jóvenes lideran las empresas actualmente, y resulta que son personas entre 35 y 45 años. ¿Cómo puedes pensar que alguien con más de 15 años de experiencia es un líder joven?”

No sé qué edad tendría el entrevistado, pero insistía en que sólo podía llamarse “joven” a quienes estaban entre los 18 y 22 años. Según él, esa generación es la que puede generar ideas nuevas e innovadoras sobre cómo se puede liderar el mercado en el futuro.

Eso me hizo recordar mi época universitaria. Cuando estaba “joven”, llamaba viejo a todo aquel mayor de 30 años. Mi razonamiento venía de que “ellos” tenían una visión diferente a lo que yo pensaba: eran otros sus tiempos, y sentía que lo actual no estaba en ellos.

Qué equivocada estaba en aquel momento. Y no lo digo porque hoy estoy en esa edad, sino porque la edad no determina que seas obsoleto, viejo o pasado de moda.

Las diferencias entre generaciones siempre han existido. Sin embargo, en los últimos 100 años hemos vivido una cantidad de cambios culturales, políticos, económicos y tecnológicos tan contundentes y rápidos, que esa brecha se hace más evidente hoy en día.

Actualmente la tecnología cambia prácticamente cada mes, y eso hace que si te quedaste en la versión de hace un año, ya no estés al día. Los niños nacen viendo una pantalla, interactuando con aparatos electrónicos; lo analógico les resulta extraño. Incluso muchas relaciones se establecen en línea, y los emoticones son, para algunos, lo más cercano a darle cariño a quien quieres.

Pero, ¿somos realmente obsoletos los que pasamos de los 40?

Definitivamente, no. La experiencia de vida que cada persona tiene es una base para que las nuevas generaciones puedan construir soluciones a problemas que quizás hoy todavía no ven con claridad. Tal vez el joven no lo note en su presente, pero todo aquello que vives con tus abuelos, padres, hermanos y amigos te permite darte cuenta de áreas de oportunidad donde sí se puede innovar.

¿Cuántas personas no se han dedicado a estudiar medicina, o cualquier otra carrera, buscando aliviar la realidad de un familiar o alguien querido, y han terminado innovando en su manera de resolver una situación? Eso lo hace la experiencia: el tiempo, el estudio, lo vivido.

Definir a alguien como “joven” porque tiene 18 a 20 años no implica que su espíritu emprendedor o innovador se extinga al pasar los años. Las generalizaciones siempre son un mal consejero, porque tiendes a meter en un mismo saco a todos, sin darte cuenta de las excepciones.

Imagínate que somos esa semilla que revienta en la tierra fértil, que comienza a crecer, formarse y crear ese pequeño arbolito que luego dará sus frutos. Cada uno de esos pasos lleva tiempo, abono, agua, sol… y seguramente también tiempos de sequía o de mucha humedad. Todo eso le va dando cuerpo a ese árbol para hacerse fuerte.

Por otra parte, el trabajo en conjunto entre equipos de diversas generaciones es rico en puntos de vista diferentes, lo que permite encontrar soluciones o innovaciones probablemente más rápido, siempre y cuando cada uno entienda que el objetivo es mejorar una situación y no imponer una manera de actuar.

Encasillar a las personas en categorías que te estandarizan comportamientos es limitar lo que cada generación puede aprender de la otra. Se trata de entender que los puntos de vista están en cada uno, y que el todo es más que la suma de sus partes.

En la juventud todos queremos descubrir cosas y nuestra curiosidad está a flor de piel. Qué importante es que podamos mantenernos jóvenes al pasar los años, no por la edad, sino por la actitud: seguir aprendiendo, cuestionando, creando y escuchando. Porque si algo debería mantenerse vivo siempre, es ese espíritu que nunca pasa de moda.

¿Tú qué piensas: la innovación tiene edad, o tiene curiosidad?

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