Hacer dieta puede llegar a ser un reto muy difícil para muchos de nosotros. A mí, particularmente me encanta comer, y prefiero hacer dos horas de ejercicio con tal de poder degustar una comida. Pero alimentarse bien no se trata de complacer todos los días los antojos dulces o salados, sino de establecer un estilo de vida donde todo pueda tener cabida sin tener mayores consecuencias.
Unos meses atrás me propuse que debía volver a mi peso de antes de los embarazos, que entre una u otra cosa no había podido logrado lograr. En dos visitas a la nutricionista su mensaje fue «no has bajado nada», mi decepción fue total. A pesar de que hacía casi a la perfección mi plan durante la semana, los excesos del fin de semana superaban el esfuerzo y quedaba tablas.
Ella me dijo, tranquila que algo vamos a hacer, y me propuso un reto que en principio pensé que sería fácil pero no lo fue en la práctica. Éste consistía en lo siguiente: «Deberás pasar una semana sin comer harinas, sólo te dejaré la harina de maíz.» Esa frase fue como una declaración de guerra a los procesados, y me dije acepto el reto.
Comencé el primer día buscando opciones para el desayuno, y poco a poco encontré recetas que podía hacer sin harinas. Lo más complicado fue darme cuenta que prácticamente en todas las comidas algo de harina podía tener, y buscar opciones cada día que pasaba empezó a ser más retador.
Cuando eres consciente de lo que comes puedes saber en dónde estás excediéndote y qué cosas dejas a un lado por comerte una galleta. Me di cuenta que los alimentos procesados son completamente innecesarios, y que mi cuerpo se sintió diferente cuando comencé a comer más natural. Te sientes ligero, menos hinchado, y las porciones son mucho más controladas.
Les mentiría si les digo que no comeré más harinas, pero lo que sí les puedo decir es que ya no serán lo principal en mis días. Hacerte consciente de lo que comes te puede llevar por un mejor camino que si sigues sólo los antojos de cada día. Quiero aclarar algo, no comer harinas no implica dejar los carbohidratos, como mucha gente piensa, es buscar opciones naturales de los mismos.
La buena alimentación implica el entender que lo natural (frutas, vegetales, verduras, carnes, lácteos) está diseñado para cubrir nuestras necesidades de vitaminas, minerales y energía. Comer no es sólo llenar el estómago con lo primero que esté a la mano, sino comprender que cada grupo de alimentos combinados correctamente nos aporta todo lo que necesitamos para mantener nuestro cuerpo en funcionamiento.
Por lo tanto, has una revisión de cuáles alimentos estás incluyendo en tu dieta diaria, y sobre ella puedes ver cuántas harinas, frutas, vegetales, proteínas, verduras estás consumiendo. Con esto podrás ir entrando en conciencia y buscando opciones más saludables para ti.

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