Hace algunos días tuve algunos desencuentros con Guille, no porque peleáramos, sino porque hay algunas situaciones que han hecho que empiece a buscar cambiar la configuración típica de la sociedad donde la mujer es la débil, la que hace las labores del hogar y el típico «insulto» de los niños al decirle a otro varón: «pareces una niña».
Resulta que hace unos días Guille le cuenta a su madrina que cuando él y Andrés sean adultos van a vivir en un apartamento que nosotros le compraremos. Lili le pregunta, y quién cocinaría en esa casa cuando sean adultos, y la respuesta de Guille fue pues nuestras esposas.
Casi casi caigo de largo a largo en la cocina cuando escuché aquella afirmación. Se me revolvieron todos mis apellidos y dije: no vale regaño sale enseñarles. Ese día estaba haciendo una pizza ya que era feriado, y cuando tuve lista la masa los llamé a los dos y les dije: Saben qué? van a preparar su propio almuerzo. Ellos emocionados brincaron de emoción.
Mientras estaban amasando su pizza y decorándola, les dije: «Saben qué, los varones también cocinan» ellos se miraron, y Guille me dijo tienes razón mamá, no sólo las mamás deben cocinar por eso yo te voy a ayudar cada vez que pueda y voy a cocinar para mi esposa. Ahí pensé Dios mío gracias por haberme puesto esa idea en la cabeza.
Como ven tengo dos varones, pero eso no implica que los enseñe a ser machistas. La sociedad tiene ya mucho de eso como para que sigamos echándole leña al fuego. Unos días después le dije a Guille: las niñas son iguales a ti, sólo que tienen cuerpos diferentes, pero las niñas no son menos que tu, ni hacen menos cosas, ni son más débiles. Y ahí le vino a la cabeza: Tienes razón mamá porque Constanza en el karate combate con mucha fuerza.
Busquemos enseñarle a nuestros niños más igualdad y menos discriminación, es la única manera en que ellos puedan entender que no existen blanco y negros, mujeres y hombres, propios y extranjeros. Somos todos hijos de Dios y eso es todo lo que importa.

Deja un comentario