A veces uno piensa que los discursos que les das a los hijos cuando quieres hacerles ver lo afortunados que son, pueden quedarse en el aire. Sin embargo, en momentos como la víspera de Navidad puedes reflexionar y ver mucho más allá del día a día y te das cuenta que las palabras quedan ahí grabadas.

Hace varios años ya, hemos venido preparando la Navidad con nuestro calendario y corona de Adviento, pero fue hasta este año 2017 que mi Guille le dio un sentido completamente diferente. Esta Navidad fue la que tuvo más preparación y propósitos para esperar el nacimiento del Niño Jesús.

Desde el 1ero de diciembre que Guille hizo su calendario de adviento en el colegio, comenzamos 25 propósitos, uno para cada día. Guille se paraba cada día buscando el papelito que tocaba para ese día, y buscaba cumplir en la medida que pasaba el día con el propósito.

Este año coincidió el 4to domingo de Adviento con el 24 de diciembre, por lo que decidimos Guille y yo encender la corona cuando vinieran todos a la casa. Y así fue, leímos unas oraciones de acción de gracias en familia y prendimos la última velita celebrando la llegada del niño Jesús.

Durante ese momento, Guille le explicó a toda la familia lo que había hecho para prepararse para la Navidad, diciéndoles los propósitos, las historias de la Biblia que leímos cada día, el paseo de las ovejitas por el pesebre y que lo más importante de todo era preparar nuestro corazón para el nacimiento de Jesús, y no los regalos.

Aprendimos mucho juntos y lo más bonito que nos preparamos en familia para ese gran momento. Ojalá muchas más familias pudieran comenzar estas tradiciones que nos hacen ver todas las cosas por las que somos afortunados y que muchas veces las preocupaciones externas nos hacen olvidar todo lo bueno que vivimos.

El 31 diciembre cuando íbamos a la celebración de fin de año, Guille nos dio el mejor mensaje que hemos podido escuchar. En el carro le digo a Guille se me olvidó darte el remedio y él me respondió:

«Tranquila mamá, te perdono por todas las cosas que se te olvidan o que no haces, porque eso no es lo importante, lo realmente importante es que estamos juntos, somos una familia, que tenemos salud, una casa donde dormir, un carro que nos lleva y nos trae, tenemos qué comer. Entonces qué importa si hoy no me diste el remedio si hay cosas más importantes que eso. Recuerda que debemos ayudar a los demás y por eso yo mañana te recordaré que me des el remedio para ayudarte, porque debemos buscar ser como Jesús, quien sólo buscaba ayudar a todos. Yo quiero ser como él, pero todavía me falta mucho.»

Se podrán imaginar nuestra cara, entre el corazón hinchado y las ganas de llorar de la emoción al escuchar cómo un niño de 6 años podía tener un razonamiento como ese. Ahí es donde te das cuenta que TODO lo que les dices tiene sus resultados, por eso lo importante de cuidar nuestras palabras.

Aquí les dejo algunas de las lecturas que hicimos el 24 diciembre en familia, espero que les guste.

Oración para rezar en familia ante el Pesebre en Nochebuena

La corona de Adviento

 

 

 

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