Siempre he pensado que las vacaciones escolares son extremadamente largas, excepto cuando a mi me tocaba estudiar. Pero pasar casi 3 meses fuera de la rutina es bastante complicada, para alguien como yo que necesito un orden en mi vida para hacer todo.
Para Guille significó el momento en que ya podía hacer lo que quisiera sin tener que hacer tarea, para Andrés no tener que ir más al colegio, y eso que él aún no tiene tarea. Pasaron 2 semanas en la casa, casi casi se gastaron las paredes, pantallas y hasta la comida.
Mamá ¿cuando comienzan los campamentos? Con todo los rollos del país para ese momento, los campamentos estaban en veremos, Guille comenzó en uno de futbol con sus amigos del colegio, por supuesto no era el que más le gustaba porque: «Hace mucho calor y me canso mucho de tanto correr».
Pero ahí estuvo unas semanas, mientras Andrés me acompañaba a llevarlo porque no había campamento para él. Luego empezaron en el colegio de Andrés por 3 semanas, ambos estaban super felices, la pasaron de lo mejor, incluyendo una picada de torta por el cumpleaños de Guille.
Se acabó el campamento y ahí volvieron a la típica rutina de la casa: del televisor al ipad y del ipad al wii. De vez en cuando jugaban, pero en 5 minutos estaba alguno llorando. Y fue ahí donde vino la frase: «Mamá, ya se me están acabando las vacaciones y no hemos salido de viaje».
Esa frase me arrugó el corazón y lo puso chiquitico. Para Guille las vacaciones significan salir de la ciudad, y ya le estaba diciendo que pronto comenzarían las clases y él nada que salía de viaje. Inmediatamente le dije a Carlos que debíamos llevarlo a donde él quería ir desde que terminó clases: Al llano.
Llamamos, reservamos y nos fuimos. La experiencia fue totalmente diferente, llegamos en época de invierno y todo lo que ya habíamos visto estaba inundado. Además llevamos a mi sobrina, eso le dio otro toque al viaje, porque tenían con quien jugar.
Definitivamente, los llanos se hicieron nuestro lugar preferido para desconectarnos del mundo y recargar energías. Ordeñar vacas, bañar a los cerditos, comer la comida más exquisita que puedas probar, montar a caballo y conocer el quehacer llanero es la mejor manera de enseñarles a Guille y Andrés lo hermoso que es nuestro país.
Mientras más conoce más aprendes, mientras más aprendes más quieres.


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