Estos días han sido difíciles. Más cuando vemos cómo los jóvenes de nuestra patria dan su vida por un objetivo: Una Venezuela próspera. Y ¿qué tiene de malo querer un país mejor? ¿Acaso hay que conformarse con las miserias que pueda dar un gobierno que sólo quiere el poder?
Los jóvenes están delante de las marchas, manifestaciones y trancas porque saben que se juegan su futuro, porque sueñan con tener un país lleno de oportunidades y donde puedan vivir tranquilos.
Hoy pienso en todas esas madres que hoy lloran a sus hijos que ya no están, y siento un inmenso dolor en el pecho, pensando que la valentía de esa juventud está llena de sueños que en esos casos ya no se materializarán.

Nosotras las madres sólo queremos ver a nuestros hijos felices, y que podamos ser parte de esa felicidad en familia. Hoy Venezuela vive momentos de mucha fractura, bien por los que se fueron de esta tierra o por los que lucharon y perdieron sus vidas en el camino.
No es justo que veamos caer a nuestros jóvenes de esta manera, y menos por un grupo minúsculo de personas que no les importa cuántas vidas se pierdan con tal de mantener un poder hueco que sólo sirve para la maldad.
Virgen Santísima hoy te pido por tus hijos, nuestros hijos, por todos los hijos de esta patria, para que nos cubras con tu manto y nos lleves por el camino de la luz. Somos muchos los que queremos que Dios y la Virgen reinen en ese país llamado: Venezuela.
¡Oh Virgen de Coromoto! En tus manos deposito esta súplica libera a Venezuela de todo mal. Bendícela. Preséntala al Corazón de Jesús. Haz valer tu amor de Madre y tu poder de Reina. ¡Oh María! Yo cuento con tu ayuda. Yo confío en tu poder. Yo me entrego a tu voluntad. Yo estoy seguro de tu misericordia. ¡Madre de Dios y Madre mía! Ruega por mí. Llévame al Corazón de Jesús. Bendícenos Madre Santísima.
Cúbrenos con tu Manto Madre Mía.

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