Descubriendo a mi abuelo Narciso Parte III


Sigamos con la historia… por aquí empiezo a entender mucho de lo que mi mamá me enseñó…

Mi Padre era un Señor, Un gran hombre Parte III  (Autor: Luisa Aldana)

Muy estricto en la disciplina con sus hijos, a la hora señalada por él, todos debían estar en casa, sentarse a la mesa a las horas de la comida y a la hora de la oración cuando repicaban las campanas de la Iglesia, todos se persignaban y pedían la bendición. Era una costumbre, que no se perdió sino con el transcurrir del tiempo.

Así como también debía uno encomendarse a Dios a la hora del baño y se oía decir a los muchachos «En nombre de Dios y María Santísima que no me vaya a hacer daño ese baño que me voy a dar», y así comenzábamos a bañarnos, fuera en el baño o durante el invierno que correteando por el patio buscando los chorros de agua más fuertes que bajaban del techo de la casa, disfrutaban pequeños y grandes titiritando de frío con gran algarabía.

No se permitían en la casa visitas, sino domingueras  de familias amigas. La vida de niños y adultos transcurría dentro del hogar, de amplios corredores que tenía la casa, patios, huertos poblados de frutales, cultivos varios y crías de animales domésticos (gallinas, perros, gatos, cochinos, etc) y hasta el ordeño de vacas criollas que en las mañanitas y aún calientita y directo de la ubre nos llenaba a cada uno de los muchachos, hembras y varones, un jarro de leche que bebíamos con gusto y saboreando la espuma que nos quedaba alrededor de la boca.

Educó a sus hijos con criterio de escasez, manteniéndonos cortos de dinero, pero sin que nos faltara nada, alimentos, vestidos y una fuente inagotable de cariño paternal, y por supuesto materno. Aunque sin abandonar nunca su reciedumbre, nos enseñó a valorar las cosas, apreciarlas, el valor real del dinero y cómo había que ganarlo, con trabajo, con tesón. No permitió jamás la holgazanería, ni buscar dinero de manera fácil (Juego de invite y azar) su lema era TRABAJAR.

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