Hace unos días mi Mamá me dice que encontró un escrito que ella hizo hace muchos años sobre mi abuelo. Yo muy poco conozco sobre su historia, ya que el murió cuando mi mamá estaba niña. Pero siempre he sabido que fue un hombre muy trabajador, con una letra impecable y un orden sin igual.
Es por eso que quise compartir con ustedes el escrito que realizó mi Mamá, y así rendir tributo a mis abuelos. Aquí les va, se titula
«Mi padre era un Señor, un gran Hombre», por Luisa Aldana.

Un hombre de estatura mediana, sencillo con una gran calidez humana, que aunque el color de su piel era oscura, tenía un gran corazón, sensible, noble, que se ganó el aprecio de sus parientes y amigos, en su pueblo y fuera de él.
Un hombre responsable que sabía hacerle frente a las más difíciles situaciones que confrontaba, de tal forma que lograba sortearlas aún siendo de naturaleza distinta, disímil. Era un hombre de trabajo, que no tenía horario.
Sin tener ningún grado de educación ni preparación académica alguna, era capaz de desempeñarse en cargos que requerían de ciertos conocimientos, así lo mismo llevaba la contabilidad de los negocios como dirigía los peones de una hacienda, las actividades como funcionario público, etc.
Emprendía en la medida de lo posible, y realizando los esfuerzos o sacrificios necesarios, actividades que dieran frutos no sólo para él, sino también para los que tenía a su alrededor. Lo mismo cultivaba la tierra, que criaba animales, compraba y vendía, aprendía y enseñaba con su natural inquietud e interés por mejorarse, ampliar sus conocimientos, así no le faltaban buenos libros de literatura, inglés, francés y un diccionario que tenía siempre a la mano.
Era muy agradable estar cerca de él, porque era así mismo cariñoso y enseñaba muchas cosas con su ejemplo. Aunque era muy serio y de carácter fuerte que infundía respeto hasta de sus amigos. Se mostraba siempre atento a las interrogantes de sus hijos.
No era un profesional universitario, sin embargo, leía mucho y abordaba cualquier tema con facilidad. Tenía buena dicción y orientaba a aquel que se le acercaba solicitando su asesoramiento o que le consultaba sobre algún problema que no sabía cómo resolver.
Afectuosamente y como muestra de un gran aprecio se le llamaba Don Narzo, por todos los conocidos, para quienes respondía sus atenciones, brindándoles apoyo y comprensión en la solución y orientación que requería.
Un hombre recto, apegado a la moral y las buenas costumbres, cosa que hacía sentir y practicar a los integrantes de su familia, sus hijos, su esposa, hermanos, sobrinos todos los que dependían o de alguna manera estaban con él vinculados. De ahí la influencia y el respeto que inspiraba y transmitía con sus buenos modales.
Tenía gustos exquisitos, por la buena lectura, por la decoración de su casa, muebles finos y formalidades.
Continuará…


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