El primer año de Andrés en su preescolar ha sido muy bueno, las maestras están felices porque dicen que es un niño muy tranquilo. La semana pasada tuvimos su primer acto de Navidad, y ahí nos dimos cuenta de que el público no es su devoción. Apenas nos vio no hizo más que llorar.

Mi chiquito venía con sus amiguitos en fila con un cordón, que no sé si realmente ayudaba a que fueran en orden o los distraía. Pero en fin, cuando va llegando vio a Carlos y luego a mi y se privó en llanto, tanto que terminé sentada con él en su lugar en el acto. Canté Din Din Din, el burrito sabanero y todas las canciones típicas navideñas.

Al estar en el patio del colegio, habían muchas distracciones. Empezando por Guille paseando por todo el parque, comiendo chupeta, y pues Andrés sólo quería andar detrás de su hermano.

Al terminar había un compartir con todos los alumnos. Los niños llevaron sus carritos y triciclos, incluyendo a Andrés. Me pareció muy particular que por más lejos que Andrés estuviera de su triciclo, apenas veía que algún niño lo tocaba salía corriendo gritando mío mío. Parecía que tuviera un GPS particular.

Finalmente, nos tomamos una foto con Santa, aunque un poco engañado para que no se pusiera a llorar. La pasamos genial, y a pesar de que no cantó fue divertido verlo compartir con sus amiguitos.

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