Desde noviembre Guille tenía una meta: pasar de cinta en el karate. Cada vez que le toca su cambio se emociona, pero esta vez fue diferente. Estaba más enfocado en hacerlo bien, en ganarse su cinta amarilla porque iba a hacer muy bien su cata. Ciertamente, lo logró, pero su cara de felicidad no tuvo precio.
Varios fines de semana estuvo en casa practicando sus movimientos, y aunque yo no podía ayudarlo porque poco sé de karate, pues cada vez que me decía me viste mamá, cómo lo hice, yo respondía excelente Guille sigue así. Y es que yo le tengo una frase que quiero que se la grabe siempre: «lo importante es que practiques mucho para que seas muy bueno en lo que haces.»
Cada clase de karate lo veía super concentrado, y lo estaba haciendo muy bien, inclusive su Sensei estaba muy sorprendido de su concentración.
Su cambio fue un viernes. Ese día cuando se despertó me dijo: Mamá, hoy es mi cambio de cinta, ahora seré cinta amarilla, estoy muy feliz. Practicó en casa antes de salir. Fuimos y realmente se concentró y lo hizo muy bien. Cuando salió en su cara no le cabía la sonrisa y el orgullo en el pecho. Me gritó mamá soy CINTA AMARILLA.
Mi corazón se puso hinchado de orgullo, mi chiquito ya tenía metas cumplidas. Cuando vio a su abuelo le dijo: Mira abuelo ¡LO LOGRE! soy cinta amarilla. Esa frase para mi fue enriquecedora, estaba feliz de haber trabajado bien y haber logrado su meta.
Así mismo lo seguiré motivando para logre todo lo que se proponga.
Te quiero mi Guille, sigue así.


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