Hace unos meses me preocupaba que Andrés hablaba muy poco. Apenas decía unas pocas palabras, y todo lo señalaba. Empezó en el preescolar y definitivamente se aceleró su vocabulario, al punto que hoy día hasta respondón se volvió.
Andrés ¿Qué estás haciendo? Nada… responde en su tono de no te importa. Y cuando te das cuenta alguna travesura tiene en sus manos. Yo soy muy melosa, y me gusta caerles a besos y abrazos. Pues a él no le gustan mucho, pero antes se los calaba porque no tenía más remedio, pues ahora me dice: ¡Déjame! Se imaginarán mi cara.
Ya mi chiquito se está creciendo, pero a la velocidad de la luz. Cómo es que un piojo de 21 meses pueda responderle a su mamá ¡Déjame!
Y así como aprovechó de aprender a responder, me dan mis arranques de intensidad. Vamos en el carro y cambio la música, pues no, es el disco que a mí me gusta no a ti. Si le ofrezco un tipo de comida pero no me apetece, cierro mi boca y digo ¡No! y arrugo la cara con trompita de cochinito.
Definitivamente, ese dicho que dice: Calladito te ves más bonito como que a veces aplica. Pero nada, ya me tocará aprender a lidiar con este chiquito y sus respuestas berrinchosas.


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