Sabes que los niños son una cosa en la casa y otra en el colegio cuando hablas con la maestra y te dice: «Andrés es el niño más tranquilo del salón». La cara de asombro creo que no la podía ocultar, cómo es que puede portarse de una manera en el colegio y otra en la casa.
Cuando Guille nació desde pequeñín todos los médicos me decían que era un niño inquieto, y pues hasta con tratamiento y todo anda por estos días gracias a esos diagnósticos. Porque ahora los niños siempre tienen algo, déficit de atención o cualquier otro nombre que ni sé. Pero resulta que cuando llega Andrés descubrí que el segundo podía ser mucho más inquieto que el primero.
Andrés es un niño que no para, desde que se despierta a las 6AM hasta que se acuesta a las 7:30PM no hace más que caminar y caminar. La televisión para él es el ruido que lo acompaña, más no le presta mayor atención, es más divertido ver que hace mamá, o pasear con el triciclo por toda la casa como un carrito chocón.
Mejor aún abrir los estantes y descubrir el oscuro mundo de las cosas ocultas en ellos. Las tapas son su mayor reto, si las abre por supuesto que ahora toca investigar que hay dentro. Varias veces lo he encontrado lleno de crema humectante, o probando el jabón a ver que sabe.
A veces pienso, bueno es el segundo sigue el ejemplo de su hermano. Pero no, mientras Guille está embebido en la tele, él está explorando como Diego toda la casa.
Ay de ti si no haces lo que él diga, su carácter es tan fuerte como su curiosidad. Arma berrinches sólo por ver que no le das o vas donde él diga. Si le dices la palabra mágica NO verás su cara de «no me importa» y lo seguirá haciendo.
Guille alguna vez abrió la puerta del carro pero tendría casi 3 años, Andrés tiene 21 meses y abrió la puerta hace algunos días.
Es mi chiquitín amado, a quien debo darle un tilín más de atención antes de que lo encuentre quemando la casa y ni me dé cuenta.


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