Lunes, 22 agosto 2011
Pasé un fin de semana sin dormir, la panza me molestaba cada día más y Guille ya quería salir. La madrugada del lunes eran las 4 am y yo en blanco toda la noche sin pegar un ojo. Esa noche le pedía a Dios que ya quería que naciera Guille, porque no aguantaba más la presión en la panza.
Parece que Diosito me escuchó, y Guille también, y ese día en la mañana mientras trabajaba en casa para dejar el trabajo lo más avanzado posible, empecé a sentir algo que no sabía que era. La panza se contraía cada media hora, le pregunté a la Sra Doris, cómo se sienten las contracciones, y cuando me explicó le dije, entonces creo que las tengo.
Inmediatamente llamé a Carlos, le dije que viniera porque pensaba tener las contracciones cada media hora. Él salió corriendo de la oficina, cuando llegó me dijo qué hacemos. El médico me dijo que tomara una buscapina, y que sino lo fuera a ver.
Como la medicina no hizo nada, decidimos irnos a la clínica. Pero antes de salir me comí un pedazo de plátano. Pero ¿Por qué? Por queeee, bendito plátano que hizo que mi espera se extendiera. Quién iba a saber, eran la 1PM y como cualquiera pensaría es hora del almuerzo. Cómete algo, no sabes hasta que hora estarás en la clínica.
Eran las 3PM y yo en la clínica, el médico me dijo definitivamente estás en trabajo de parto, pero como Guille está sentado te toca cesárea. Y ahí vino la pregunta: ¿A qué hora comiste por última vez? y ya saben la respuesta. Bueno, debemos esperar 8 horas de ayuno, así que ponte cómoda.
Finalmente, llegó la hora 8PM ingresé a la sala, Carlos estuvo ahí conmigo todo el tiempo. No saben lo nerviosa que estaba, primero que la anestesia hace que no sientas ninguna parte de tu cuerpo, jamás lo había sentido. La enfermera que me asistía me decía todo está bien, tranquila.
8:58PM se escucha el llanto de Guille, había nacido mi primer hijo.
Así comenzó mi primer día de mamá.


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